Durante su corta trayectoria Rodrigo Galecio(1972) ha tenido una significativa presencia en la escena nacional. Ha expuesto colectivamente en exposiciones internacionales de gran relevancia como To be political it has to look nice en APEX Art, Nueva York (2003), en la IV Bienal de Facultades y Escuelas de Vídeo Arte en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, España (1999), y en la muestra colectiva Transformer, Matucana 100, Santiago, Chile (2005).

Sus trabajos están enfocados, últimamente, a analizar las declinaciones de la pintura después del auge del arte conceptual, otorgando especial atención a los problemas del lenguaje. A través de esta actitud de revisión crítica, Galecio propone verificar la posibilidad de desplazar los procedimientos de un plano inmediatamente instrumental, expresivo o representativo, a un plano reflexivo de orden metalingüístico, empeñándose en una reflexión sobre el arte.

R.A.M. (RÉQUIEM A MONDRIAN), de Rodrigo Galecio
Por Pablo Selín Carrasco
[Artículo reproducido de www.arteycritica.cl]

Die Ecke puede leerse como una galería a contrapelo dentro del contexto nacional, tanto por su ubicación (Av. José Manuel Infante) como por su selección de artistas que no recurre a las licitaciones para la exposición en sus espacios. Es una selección de artistas “puertas adentro”, que hace menos oscura la línea curatorial de la galería y pone en evidencia: que un artista que desee exponer en Chile no lo podrá hacer si se dedica sólo a concursar para exponer en galerías siguiendo al pie de la letra las bases de un formulario de postulación. Éstas no sirven de nada si no se considera la existencia de un “inconsciente de selección”, que es una fuerza importante (pero no la única) dentro de los criterios de visibilidad y que se circunscribe a algunos temas y técnicas, excluyendo otros. Digo que es un inconsciente, en la medida que no parece existir una dirección planificada sino que más bien las galerías operan por curatorías de corte instintivo, o “animal”, siguiendo un deseo inexpresado que sólo puede leerse a través de las manifestaciones de la selección, o, si se tiene suerte, conociendo a los galeristas.

Al fondo de la galería, desde la entrada, vemos un cubo con cuadros apilados, sólo podemos ver el cuadro superior, que tapa todos los demás, de los cuales sólo podemos ver los márgenes, lo que nos hace suponer que los cuadros inferiores contienen el mismo tipo de composiciones, verticales y horizontales entrecruzándose con un grosor estándar. El ancho de cada marco es el mismo, lo que convierte el cubo de cuadros en un cubo del que vemos cinco caras de composiciones abstractas aleatorias. Una suerte de gran cubo rubick. A la vez que observamos esta alegría del azar compositivo, desprendo varias lecturas de esta obra. Una de las más seductoras es la burla a la vanidad de la pintura mediante el desprecio del elemento jerárquicamente superior, la superficie y la reconsideración del grosor de su borde como unidad de composición. Según tengo entendido, cada cuadro se vende por separado, sin embargo, la muestra los ofrece en un amontonamiento, depositados uno arriba del otro, reiterando su carácter serial, pero también dando cuenta de un desprecio por la unidad más obvia de la pintura, su superficie, destacando su anchura – o profundidad - como un elemento de mayor relevancia, a fin de cuentas, su valor volumétrico más allá de la composición interna, de su posibilidad de almacenamiento y de su exhibición constante.

En la exposición de Rodrigo Galecio podemos observar una obra que parece acotarse en todos sus elementos (disposición, composición, temporalidad, lectura, etc.) pero que adquiere un desprendimiento de significados que se ramifican desde los cuestionamientos irónicos a la composición abstracta hasta una pregunta final sobre la imagen. En el texto de presentación de la exposición, Galecio se inscribe dentro de un contexto de artistas de su misma generación que se mueve entre la resignificación de la imaginería abstracta de principios del siglo XX dentro de un contexto más politizado (Yáñez, Silva-Avaria, Díaz) y la parodia cruda con fines de legitimación comercial (Hamilton). Galecio, marcando las distancias, se auto inscribe dentro de este grupo en su texto inaugural, aunque parece mantener la toma de posición inicial de los artistas que estos últimos parodiaban. Su toma de posición implica una radicalización de los postulados abstractos, trasladando los primeros elementos de composición que encontraríamos en las horizontales y verticales de Mondrian, hacia un momento arquitectónico de composición, que debe adherirse constantemente a sus condiciones materiales de realización. Para decirlo de otra forma, en vez de reírse, como hacen los artistas anteriormente citados, del utopismo de la abstracción, Galecio parece querer continuarlo y contextualizarlo, mediante una simbología contemporánea que juega con su propio título. R.A.M. además de ser el acróstico de “Réquiem a Mondrian” son las siglas de “Random Access Memory” o memoria de acceso aleatorio, una referencia computacional que se puede extrapolar hacia otros anacronismos, el de las tarjetas agujereadas de los primeros computadores y el de los píxeles; desde esta perspectiva, el código de los bordes de los cuadros de Galecio entran dentro de una imaginería retrotecnológica de “bloques pensantes” que se expresa en unidades de colores, algo que podría teñir de representación la operación azarosa y abstracta de los cuadros y que parece ser una de las oscilación más entre las ya discutidas de profundidad y superficie, pintura y escultura, desprecio y consideración por “la pintura”, etc.

Esta lectura implica nuevas consideraciones a cómo entendemos una obra de arte abstracta. La lectura más sencilla busca reducir estas composiciones a una lectura circunscrita a sus propios límites; a menudo nos enseñan en el colegio (¡y en la universidad!) que los trabajos de Mondrian, Malevitch y otros no van más allá de los límites de su propio cuadro, y que así deben leerse, como un punto de llegada de la representación figurativa del ser humano; sin embargo, los problemas humanos no son algo que desaparezcan con el fin de los monos pintados en la tela, se mantiene en niveles operacionales y significativos y en la misma cualidad del objeto. En el caso de R.A.M., podemos ver como se desprenden lecturas materialistas y referencias contemporáneas desde una obra que parece arraigada en los fenómenos más autónomos de la composición abstracta.

SOBRE RAM
Rodrigo Galecio

En términos generales el trabajo que se exhibe en Die Ecke ha consistido en la elaboración de un trabajo de pintura a través del cual he desarrollado la idea de desbordar el límite del plano pictórico puramente bidimensional. Por ello, cada cuadro ha sido construido como un bloque modular de 100x100x5 cms. y, desde luego, la idea ha sido configurar unidades que en su combinatoria posibiliten operaciones de construcción. En este sentido, por un lado, el trabajo sería una reflexión plástica sobre un problema tradicional, es decir, el fenómeno de la configuración en una re elaboración que, consecuentemente, se propone como ampliación crítica del campo de análisis de la pintura.

Por otra parte, está el fenómeno del color en función del estilo. Este aspecto, propio del código de la pintura, es uno que desarrollo a partir de una línea de investigación emanada desde un paradigma de enseñanza y tradición pictórica (la abstracción concreta) que, para este caso particular, encuentra sus raíces en Josef Albers quien fuera profesor de Eduardo Vilches, profesor de color en la Escuela de Arte de la PUC, en Yale.

El problema del color y el estilo me propongo revisarlo en torno a una posible estrategia de reposición de una práctica artística a través del oficio de la pintura, sin embargo, como ironía, pues, debido a que con un grado de elaboración casi nulo de estilo personal me propongo hacer del gesto del autor uno que virtualmente desaparezca detrás de la pintura o del cuadro. Esto tiene como propósito sobreponer una mirada a través de la cual hacer una pregunta sobre el esteticismo académico por una parte y, por otra, tratar la pregunta en torno a cuándo una pintura es verdadera, es decir, cuándo se adecua a un original, lo cual supone un cuestionamiento por aquello que es anterior a la pintura, como el modelo a la copia y que es propio reflexionar cuando se trata de un trabajo que busca inquietar una escuela o tendencia como paradigma y antecedente, pues, la idea es hacer de la cita, la referencia y el estereotipo conceptos operativos.

Además, busco hacer presente el propósito de establecer nexos con otros procesos de obra que en Chile han trabajado de acuerdo con estos desarrollos y escuelas. En este sentido me interesa el vínculo que se pudiera establecer con las obras de Carlos Ortúzar, Eduardo Bonati e Iván Vial, en primer lugar, desde un punto de vista histórico y, en segundo lugar por razones que tienen que ver con la variación escocesa ( Galaxia Escocia como la llama Eugenio Dittborn), con la obra de Cristián Silva Avaria, además, de las relaciones que se pudieran establecer con las obras de Felipe Mujica, Camilo Yáñez y Pablo Rivera desde el punto de vista de la apropiación crítica.

Abril 2006

2008