Die ecke inaugura, su segunda muestra del año 2008, el día viernes 18 de Abril con una exposición individual del artista Francisco Morán, titulada Phantásmata.

Morán, artista egresado de la Universidad Católica y con un Master en la Universidad Complutense de Madrid, España presenta, a través del recurso de la pintura e inspirado en la fotografía, un conjunto de obras realizadas con impecable factura.

Phantásmata, hace referencia a cierto grado de indigestión en torno a la imagen producto de la saturación de ésta en el espacio cultural y social, produciendo un  “esteticismo neutro” llevado a cabo por las industrias culturales, los medios masivos de comunicación, el diseño industrial y la publicidad.  La imagen contemporánea plantea una serie de problemas y preguntas para el arte de hoy. Desde su pérdida de autonomía, la del arte, ante esta estética de lo neutro donde los límites se hacen difusos y sus significados complejos. Las problemáticas del deseo, la simulación y sus representaciones nos plantean nuevas preguntas en torno a las intenciones de éstas. Hoy la imagen mediatizada deviene en mercancía. La distancia que crean estas imágenes con el espectador  y “lo real”, el objeto, aumentan su carácter ilusorio. Lo que nos muestran es tan ambiguo como lo que nos ocultan.

Morán comenta:Este proyecto se fundamenta en la necesidad de seguir investigando sobre los conceptos de representación y simulación plástica, los cuales he venido trabajando desde el soporte de la pintura, y a su vez relacionándolo con el de la fotografía y la imagen contemporánea”.

La muestra estará abierta al público hasta el día viernes 16 de Mayo.

 

Entrada  liberada

Horarios: Lunes a viernes de 15:00 a 19:00 hrs.
Dirección: José Manuel Infante 1208 - Providencia
Teléfono: 2690401
Correo: info@dieecke.cl

PHANTASMATA
César Gabler

En su obra reciente, Francisco Morán continúa explorando las posibilidades que le otorgan la resina y el acrílico. Sus resultados combinan, en dosis variables, azar y control. Se trata de configuraciones simples en las que transparencias y sutiles gradaciones de color o tono nos remiten a un universo retiniano. El ojo se debería concentrar en la superficie, y tal como lo planteara el modernismo más radical, no ver más allá de los límites impuestos por la forma, o en este caso la total ausencia de ella. Sin embargo aquellos puntos y manchas -diluidas y cristalizadas- poco a poco imponen referencias que nos sacan de los límites impuestos por el cuadro. De un lado están las asociaciones que genera el material que el artista insistentemente utiliza en su obra, resina y acrílico. Plásticos, definitivamente, cuya manipulación tiene un cierto carácter alquímico, pues implican una transformación que se opera en la materia. Luego el espectador se enfrenta a las múltiples asociaciones que ofrece la imagen. Porque si frente a otros modos de abstracción pensar en la forma reconocible revela cierta ignorancia estética, en el caso de las pinturas de Francisco Morán hacerlo, por el contrario, es un trabajo casi obligado. La suya, como buena parte de la abstracción desde los 90, se abre a las posibilidades de la imagen a través del trabajo directo con ella, o como en este caso, remitiendo a sus márgenes.
Los márgenes de la imagen, en Morán, remiten tanto al cuerpo como a la fotografía y en ambos casos lo hacen desde sus excedentes. Al cuerpo se lo cita mediante el fluido, la obra en cierta medida lo es, pero a diferencia de los fluidos corporales, en degradación permanente, aquí reina una pulida preservación, la que entrega el plástico. Secreciones de máquinas más que de personas. La imagen fotográfica a la que apelan estas fotografías no es sin duda la icónica, no hay rastros de ninguna figuración. Morán rescata lo fotográfico informe, la foto movida, el destello de una luz, los márgenes de la radiografía. Nuevamente el sustrato material de un cuerpo, en este caso, el cuerpo fotográfico.

Tanto del cuerpo humano, como de la fotografía lo que hace Morán es rescatar sus excedentes o sus reflejos. El título de la muestra remite al mito de la caverna. Se sabe, un grupo de hombre condenados al encierro y que solo perciben el mundo exterior a partir de las sombras y los ecos lejanos de unas voces. Su imagen del mundo es fantasmagórica e indirecta. Una ilusión construida a fuerza de imaginar, desde las imágenes reflejadas en los muros, aquello que hay afuera, lo inaccesible. No creo que el intento de Morán sea actualizar el mito, y tal como lo hizo Matrix, proponer la realidad como simulacro. Creo que los reflejos que capta Morán, esos fragmentos de lo real, se revelan como una forma de resistencia. Frente a la ubicuidad de los media, y de sus estrategias ilusorias solo queda concentrarse en los márgenes de lo visible. Su reflejo, su artificial materialidad. Convertida en motivo de investigación, el reflejo fantasmático deja en Morán de tener una connotación negativa. Más bien tiñe de ironía los sustratos de cada una de sus pinturas.

 

El Sábado 503 – Arte 312 – Mario Fonseca
Hiperrealismo abstracto

Hace unas semanas citamos la mancha y el signo como lenguajes frecuentes en la pintura abstracta, cuyo objetivo final viene a ser la pintura misma, con su color y su materia. Esta última puede estar dada a su vez incluso por objetos que aporten una textura, una gama particular o una referencia por su origen, a la obra. Hay una larga trayectoria europea en la ocupación de materiales no pictóricos en la pintura, del inglés Nicholson al italiano Burri y al catalán Tápies, así como el expresionismo abstracto desarrollado en Estados Unidos se remite casi exclusivamente a la pintura misma, de Pollock a Rothko y de De Kooning a Kline. Este somero recorrido por el abstraccionismo puede terminar con distribuir la formalidad en superficies geométricas puras, iniciadas por Mondrian y cúlmines en Newman, que tuvieron un importante desarrollo lateral en el arte óptico de Vasarely, Soto y Cruz-Diez, y la vertiente más expresiva en la cual se inscriben prácticamente todos los demás citados.
    En este amplio contexto, que en Chile ha tenido protagonistas de diversa intensidad como Gustavo Poblete, Matilde Pérez, Patricio Court, Cristián Abelli, los ya comentados Jorge Labarca y Víctor García, y Rodrigo Galecio y Pablo Jansana, entre los más jóvenes, se está consolidando la presencia de Francisco Morán y un lenguaje que vendría a establecer un nuevo paradigma. Prescindiendo intencionalmente de las fuentes y los mecanismos técnicos que ocupa Morán, salvo indicar que sus materiales son pintura acrílica y resinas y que sus efectos críticos son imposibles de reproducir fotográficamente, podemos circunscribirnos a consignar que sus obras sobrecogen desde su materialidad, confunden la percepción y producen un vuelco emocional apelando exclusivamente a lo que la pintura abstracta tiene por más preciado, que es hacer suyo al espectador a través del color y la forma sin contenido objetivo alguno. Tales efectos, cuyas connotaciones subjetivas involucran el cuestionamiento de lo que hoy se entiende como realidad, la ficción del arte, y el devenir de la pintura misma, llevan a tentar la denominación de hiperrealismo abstracto para la obra de Francisco Morán, un título tan contradictorio como literal de sus manifestaciones visuales y los resultados sensibles que ellas producen.

Ficha Técnica:

Phantásmata
Resina con Acrílico
Medidas variables.

2008

2008