MENDRUGOS
- Juan Francisco Gárate.
MNÉMICA es un
vaciamiento político.
Es un ejercicio que
supone sobreponerse
a la “agenda de
la memoria” para
salvar la distancia
entre lo político
y lo psíquico.
Es un artefacto político
para desmantelar la
política, precisamente.
El realismo de los escombros,
como representación
de la memoria (transicional),
se ha vuelto de pronto
paupérrimo al
punto de la conformidad,
por supuesto, explicable
en un contexto generalizado
de “reflexibilidad”
como la hiper-comprensión
del flujo libre del
capital. Dentro de esa
sensibilidad homogeneizante
no puede haber interferencia
para las fases del proceso
de la acumulación.
En ese contexto, de
banquete y mendrugos,
importante es hacer
notar la majadera interferencia
del gesto político
en la premisa de la
agrupación de
las Madres de la Plaza
de Mayo que piden un
imposible: quieren de
vuelta a sus familiares.
Precisamente, aquí
está en operación
lo político que
porfiadamente desarticula,
una y otra vez, el argumento
de la “política
real”. Se trata
pues de la imaginación
en la re-construcción
de los espacios vacíos.
En efecto, la política
de lo posible es el
punto en cuestión
en MNÉMICA para
ser vaciado de su sentido
contextual; supone el
desprendimiento del
sentido que se reproduce
como realidad. Entonces,
las operaciones van
a estar sujetas a todo
tipo de pruebas para
la articulación
de lo político.
Para ello, Sebastián
Mahaluf re-utiliza los
restos de “Nodo”
(FALSO, CCE, diciembre
2004), es decir, de
la distensión,
para conferirle a la
obra un carácter
procesual, al modo de
los “estuches
duchampianos”
(pero sin la minimización
objetual). Kilómetros
de tenso elástico,
ahora, los jirones laxos
de una obra que tenía
implícita una
performatividad: ¿Cuándo
el elástico es
realmente el elástico?
¿Cuándo
se estira o cuándo
se recoge? En “Nodo”
Mahaluf presentó
el agotamiento en la
tensión máxima:
traer consigo, virtualmente,
el derrumbe centrípeto
y centrífugo
de un espacio viejo
y rígido.
Un ejemplo de tensión
nodal, a propósito
de lo mnémico,
lo encontramos en el
ejercicio crítico
de Beccafumi sobre el
ejercicio canónico
de Perugino. Se trata
de yuxtaponer virtualmente
la “Anunciación”
sobre la “Piedad”,
respectivamente. El
dispositivo matemático
del círculo circunscrito
en un cuadrado como
estructura de la representación,
esquemática,
fija, simétrica,
es tensada, sujeta a
nuevo juicio, que consiste
en vaciar el centro
lleno figurativo, es
decir, con Perugino
todo el espacio (pictórico)
se ordenaba en virtud
de un “sujeto
de fundamento”,
en el caso citado, la
virgen, que es la medida
para ordenar todas las
relaciones espaciales
(e ideológicas).
Precisamente, este “fundamento”
es desplazado por Beccafumi,
un desplazamiento tal
que queda exigido en
el borde mismo del espacio
pictórico (ángulo
inferior derecho), en
otras palabras, en el
límite de la
representación.
Beccafumi, vacía
un fundamento canónico
para llenar el espacio
con uno relativo, tenso/laxo.
En efecto, el único
sujeto posible es el
“juicio”
-algo así como
un YO cartesiano prematuro-
cuya mirada es conminada
a un espacio abierto
y evanescente despojado
de la figura y del tema.
De ese modo, no hay
figura que pre-determine
un fondo, sino más
bien un espectador abierto
a yuxtaponer el “fundamento”
en un “fondo”
por llenar. Todo ocurre
-en la “Anunciación”-
en el espacio a determinar
entre el ángel
anunciante (ángulo
superior izquierdo)
y la virgen, produciendo
en el cuadrado concreto
del soporte de la pintura,
por efecto de las tensiones
de los pesos visuales
en la representación,
un romboide y una elipsis
(virtuales) inscrita
en él.
Empero Mahaluf no es
en absoluto un manierista.
Admitir ese rótulo
sería precisamente
admitir un formalismo
y su respectivo descentramiento
totalmente descontextualizados
de sus problemas propios
ideológicos (y
meramente mnémicos).
La cuestión es
otra. Así como
Beccafumi supuso una
excentricidad posible
respecto de la norma,
o mejor dicho, llevar
la norma a su extremo
y con ello el descentramiento
(absoluto) ideológico
(la hagiografía
supuso los “restos”
por vaciar); Mahaluf
(ahora) supone un espacio
que hay que extremar
continua y sistemáticamente.
“Nodo” agotó
las posibilidades espaciales
del lugar mismo de su
emplazamiento en la
fatiga estructural luego
de la tensión
(elástica). Por
lo mismo, la distensión
performática
emplazada en Die Ecke
supone el agotamiento
de las prácticas,
artísticas y
expositivas, que van
más allá
del descentramiento
mismo, o sea, de la
extravagancia. Mahaluf
está suponiendo
un reflexibilidad en
el lugar mismo de sus
emplazamientos. Hay
un punto de interés
para tal sospecha y
sus rendimientos. Se
trata de la proyección
de un video en 3D que
es, en parte, la escenografía
para lo que acontece
performáticamente
sólo en un momento
limitado de todo el
tiempo de MNÉMICA,
momento en que la performance
de Mahaluf expone la
distensión de
los elásticos
de “Nodo”.
La proyección
del video muestra el
recorrido, al modo de
un flaneur virtual,
de la “topografía”
en donde se sobreponen
los mapas, los circuitos
(del arte chileno).
Así es, “Nodo”
no se realizó
como un hecho artístico
en sí, sino que
como un despliegue procesual
que se cumple (o no)
en el tiempo y en el
espacio; en las agendas
y en los lugares del
protocolo artístico.
La comparecencia de
la acción performática
de Mahaluf y la proyección
fractal del paisaje
se presenta como un
desdoblamiento. Por
eso la importancia de
traer consigo los objetos
performáticos
de “Nodo”
(y las ruinas de su
tensión), ahora
laxos, para precisar
una obra performática
posible en una topografía
incierta.
Mahaluf sabe que los
escombros solo comparecen
como el recuerdo de
lo que falta; Mahaluf
sabe que la mesa del
arte (chileno) sólo
tiene mendrugos.
Pero MNÉMICA
no tan solo se presenta
como en un “vuelo
de pajaro”, escrutando
las condiciones de lugar,
sino que también
se señalan las
condiciones de registro
posible. Los objetos
de Rodrigo Canala se
instalan como una sospecha
acerca de la persistencia
de los registros. Con
“Restos”,
las tres pequeñas
“pinturas”
(30 x 30 cms.), Canala
emprende un ejercicio
de índole psíquico,
sometiendo a cada una
de ellas al rigor de
sus posibilidades de
persistencia en tanto
la relación mnémica
de soporte y materia.
Básicamente la
operación consistió
en la utilización
del dispositivo de adherencia
duchampiano (El Gran
Vidrio), para evitar
el acto disciplinario
de la pintura. Los “objetos
pictóricos”
tienen un fondo relativamente
neutral en gris de acrílico,
sobre éste una
máscara con la
silueta de escombros
para luego depositar
una pasta compuesta
de óleo, esmalte
y polvo de mármol
que fije el motivo;
luego, antes que seque,
se cubre toda su superficie
con un papel, para luego
ser retirado. Precisamente
he aquí, en los
restos “pictóricos”,
un efecto performático
en el gesto ausente
de retirar lo depositado.
En efecto, el gesto
ausente es la “costra”
en tanto la posibilidad
de lo mnémico
y no lo que persiste
en la memoria, que es,
a su vez, en tanto esa
ausencia. Entonces,
lo no presente no es
sino el espacio virtual
en donde existe la posibilidad
de tensión o
laxitud de lo mnémico.
Los restos no son lo
que queda; es lo que
falta, virtualmente,
para completar los espacios
(de la memoria); es
ahí donde ocurre
procesualmente un sujeto.
La imagen mnémica
no es sino todas las
posibilidades no reconocidas
que se puedan asir respecto
de ello que si tenemos
registrado. Entonces,
los “objetos”
de Canala, son la presencia
por el cual no queda
más que yuxtaponer
los restos para articular,
desde ese momento, lo
mnémico, como
un gesto político
que articula los espacios
vacíos más
allá de la memoria
y superar el montón
de escombros desperdigados.
die
ecke julio 2005
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