Die ecke arte contemporáneo inaugura, el día martes 5 de septiembre a las 19,00 hrs., la exposición individual de MARIA JOSE DONOSO, titulada Fili eclesîae .
Egresada de la Universidad Arcis, la artista explora el vínculo existente entre el goce y lo sagrado, a través de una instalación que se sirve de los recursos audiovisuales.
A partir de la figura del feligrés, el montaje desarrolla una narrativa en torno a ciertas imágenes y experiencias propias del rito cristiano, en particular, la del encuentro entre feligrés y agua bendita. La cualidad sublime de este encuentro, como la de un simulacro ritual en el cual, la condición aurática es fundamental, activa en la artista la sospecha de una construcción cultural en la que se funden los principios básicos de la subjetividad humana con la estética eclesiástica.
"Fili Eclesîae" , expone a través de dispositivos como el video, la cita bíblica y el sonido, el estrecho vínculo entre la proyección del deseo y el dogma cristiano. De esta manera, Mª José Donoso integra la imagen del rito a la dinámica de una escena advertida en la cual, la seducción se hace parte tanto en los detalles ornamentales del montaje, como en el recorte sonoro y visual que la constituye.
La exposición estará abierta hasta el día 30 de septiembre y cuenta con el auspicio de Universidad ARCIS.
Entrada liberada
Horarios : Lunes a viernes de 15:00 a 19:00 hrs.
Dirección: José Manuel Infante 1208 - Providencia
Teléfono: 2690401
Correo: info@dieecke.cl
Religiosidad como repetición compulsiva de lo otro.
Existe una tensión en el principio del placer Freudiano que sólo logra ser una tendencia, una aproximación al placer originario que sin embargo nunca se cumplirá. Esta tendencia se repite compulsivamente en la búsqueda de aquello que sólo logrará consumarse como goce. Entonces, antes del riesgo acusativo de represión al que pudiéramos vernos tentados en este trabajo, entendamos mejor repetición. Repetición y búsqueda, anhelo y mirada indiscreta, humedad y voyerismo a la caza de la experiencia placentera.
Traición y recompensa aparecen constantemente como juego ventrílocuo, como simulación de voces que parecen venir de lejos, pero de las cuales no estamos en condiciones de otorgar la exigida justeza de "lo real". Traición y recompensa, pues delatado el artificio, rota la norma de discreción, de sometimiento y de entrega sin cuestionamientos en la casa de dios - he aquí el acto obsceno; dirigir la vista a aquello que debía ante todo no conocerse -, delatado este artificio que hace escurrir gotas del fluido sólo como el resultado de una grifería en mal estado, su condición doméstica, el brillo metálico del expendedor bajo esa masa informe ¿sanitaria?, delatado esto, se retorna con un vaivén compulsivo a la sublimación de lo evidenciado gracias al efecto de unas pasajeras manos. ¡Claro!, pues el roce con el aparato , el roce con el fluido , paradójicamente esa misma mirada obscena, asegura la distinción editorial del goce dentro del continuo encadenamiento de manos en la satisfacción del sentido, sentido en su acepción más pedestre y, por qué no, en su acepción más elevada.
¿Qué se goza en ese tacto? ¿Qué se repite en esa sensación?
Hasta antes de la aparición de las manos, decíamos, sólo está lo doméstico. Con las manos, el roce y su palpación, aquella experiencia gozosa, interna, personal, redime la brutalidad de ese engendro de grifería. Y es que las preguntas sobre el goce y su repetición tienen su respuesta en ese momento sagrado, es decir, el momento de la religiosidad entendiendo a esta como aquel instante íntimo y fugaz en que experimentamos lo divino.
La coartada religiosa
María José cita el versículo 27 del capítulo 20 del libro de Juan. En él, el apóstol narra el momento de la confirmación religiosa de Santo Tomás. ". extiende tu mano y métela en mi costado" son las palabras de Jesús ante el incrédulo Tomás. Retorno a la escena como perito forense en la indagación de la efectividad penetradora del arma. Indagar, peritar, es también conocer. O ir a la caza de aquello que se desea dilucidar. Esa es la interrelación deseosa en este video instalación. Proyección lumínica, sonora y de los soportes (velo, hule) que se extienden como índice en la búsqueda placentera de su herida. ¡Saber ante todo! ¡Ver para creer! Pero no sólo ver, sino que además palpar.
En la escena de La Incredulidad de Santo Tomás de Caravaggio, Cristo dirige la mano de Tomás acentuando la condición urgente del peritaje, transformando así la escena en la corroboración coital de la experiencia dolorosa de la herida primigenia (compulsión repetitiva nuevamente). En una línea más austera y complaciente para con sus protectores económicos Peter Paul Rubens pinta la Incredulidad de Santo Tomás basado en la pintura de Caravaggio. Los estilos contrastan radicalmente. En ambos casos, y a pesar de la cristiandad, los autores recurren a la erotización del cuerpo de Cristo. Pero, bien sabemos que el erotismo es, parafraseando a Bataille, uno de los aspectos de la vida interna del hombre estrechamente ligado con la religiosidad. Religiosidad que es el vehículo de las pulsiones subjetivas de quienes proyectan estas representaciones. El conglomerado cultural externo al ser que administra la experiencia gozosa íntima. He aquí el efecto de la coartada religiosa. Es decir, el argumento bajo la luz sacra que exculpa aquello que de todas formas no podía sino salir a flote, delatarse una y otra vez.
Lo cierto es que la experiencia sagrada pertenecerá a cada cual en su justo momento. Entendamos entonces que esta es la coartada implícita en este trabajo, en este video instalación. O dicho de otra forma, esta coartada artística también, consuma el hecho inherente a toda religión ya exteriorizada. A saber, en todas ellas, bajo toda su retórica ornamental, que existe un estrecho vínculo cómplice entre el cumplimiento de sus leyes; sus tablas de verdad y la consumación placentera de la violación de ellas.
Rodrigo Ortega Chavarría.
Agosto 2006.
(Texto adaptado de una versión mayor disponible en: www.bazarortega.blogspot.com ) |