| EL PINTOR BOHEMIO Y EL FUEGO QUE NUNCA SE APAGA
En el instante mismo en que nos disponemos a escribir, a pintar, a esculpir, de nuestro yo más recóndito se abre camino, un motivo, que no es todavía esquema, no es todavía concepto, pero ya lleva en sí toda su naturaleza compuesta.
Gillo Dorfles
El título de la última muestra del pintor Diego Hernández tiene una doble lectura, es en primera instancia un chiste, una burla al cliché arquetípico del artista, de sus modos de vida caracterizados por la simulación ridícula y la romántica farsa del bohemio, cuando, sin embargo, es precisamente esa impostura la que revela el trasfondo político de la obra, que lejos de presentarse como simples pinturas decorativas, se dedican a problematizar tanto la historia de la pintura como los referentes de la identidad nacional.
La cultura popular ha consolidado una figura caricaturizada sobre el pintor de caballete, asiduo a las tertulias artísticas, elitistas y selectivas, donde la discusión gira en torno a la adoración de un personaje dejando muchas veces de lado la apreciación de la obra en cuestión, y quizás por lo mismo, en Chile podemos encontrar más de un pintor que a pesar de no contar con obras que exponer es parte de este círculo para muchos privilegiado. Un mundo de adulaciones, de tragos y trasnoche, que poco o nada aporta a la pintura, es el mundo que aquí se configura.
Ser pintor para Hernández, es mucho más que perder el tiempo en las reuniones sociales, es la consagración absoluta de la búsqueda de un equilibrio. El pintor bohemio que representa Diego Hernández, es aquel que sacrifica su tiempo, que se mantiene al costado y concentra sus esfuerzos en elaborar un lenguaje propio. Lenguaje que lleva más de 10 años trabajando y que ha consolidado con la creación de un Mundo único, habitado, por una fauna enrarecida que expone, a su manera, asuntos sociales relativos a la Historia de la Pintura y de la Política en Chile.
Hablar de Chile no es solo referirse a las hazañas y a los horrores sufridos a lo largo de los años. Recordamos fechas, celebramos ceremonias conmemorativas e, inevitablemente, en el proceso confluyen monumentos heredados y no hablamos únicamente de edificaciones o mausoleos, hablamos de la memoria, de un eco que se hace audible a través del Arte que recoge asuntos de contingencia social, como la lucha de clases, escenas de la vida cotidiana que producto de la asimilación indiferente se han pasado por alto, se han disfrazado de normalidad, como el vandalismo, la trasformación del paisaje citadino pervertido como afirma el artista, con un odio omnipresente que parece no terminar.
Diego Hernández pertenece a aquella generación que nació, creció y maduró durante la dictadura, cuando las murallas de la ciudad en su mayoría estaban intervenidas con rayados políticos, como los de Patria y Libertad, rayados que con el tiempo fueron reemplazándose por los actuales grafitis, sin embargo, el espíritu de aquellos viejos rayados perdura: el odio, representado en la obra, a través del fuego, que nunca se apaga.
Los símbolos del pasado y del presente confluyen en esta serie de pinturas, que a simple vista pueden parecer retratos ingenuos de imágenes macabras, que como el pintor afirma se deben a una plena conciencia de sus capacidades y de su visión de la pintura, pero que no afectan en lo absoluto el efecto final de su trabajo, en el que hay un despliegue de colorida creatividad e ironía.
El punto de partida de cada una de las pinturas es la elección del color de fondo, colores primarios, siguiendo la lógica conservadora que lo conecta a la idea inicial del “pintor bohemio”, que funciona como un pie forzado de su proceder. Es partir de éste y sobre la marcha que se fue condicionando y sugiriendo la imagen y sensación final de la obra. Es un proceso automático, cimentado sobre la improvisación, donde no hay boceto sino la concreción de una idea, la punta del iceberg, que acepta el error como parte fundamental del resultado.
Ademas de las telas, se exhibe una serie de las clásicas láminas del Atlas de la historia física y política de Chile (1830) del naturalista Claudio Gay, intervenidas con los “personajes” del mundo de Hernández, otro gesto de trasfondo político que cuestiona la consolidación identitaria del territorio nacional. Vale la pena mencionar que estas láminas fueron encargadas por el entonces ministro Diego Portales para la exploración, definición y conocimiento del país y de esa forma delimitar no solo geográficamente la nación, sino conformar una identidad que definiría sus límites y características. El pintor se apropia y dialoga con esta obra emblemática de la tradición nacional, cuestionando y reinterpretando el canónico género de la pintura de paisaje, que ha intentado capturar la imagen y esencia de lo que es Chile. Hernández nos presenta el reverso de esa identidad, anulando e integrando elementos que revelan un conflicto irresuelto.
Jimena Cruz
Licenciada en Literatura UDP
Santiago, 2011.
*** Agradecimientos especiales para Jimena Cruz, José Manuel Barros, Aníbal Rocha y Mono Lira.
FICHA TÉCNICA
Naturaleza muerta. 2010.
Esmalte y óleo sobre tela.
170 x 190 cm.
The Chilean way. 2010.
Esmalte y óleo sobre tela.
170 x 170 cm.
Duelo nacional II. 2009.
Esmalte y óleo sobre tela.
170 x 190 cm.
El futuro no es lo que era . 2010.
9 láminas de Claudio Gay intervenidas con óleo.
135 x 171 cm / 34 x 46 cm cada una.
Hay una luz que nunca se apagará. 2010.
Esmalte, óleo y tinta sobre tela.
100 x 100 cm.
DIEGO HERNÁNDEZ
1972, Santiago, Chile.
Vive y trabaja en Santiago de Chile.
ESTUDIOS
1990 - 1994 Estudios de pintura y grabado Escuela Arte Pontificia Universidad Católica de Chile.
EXPOSICIONES INDIVIDUALES
2009
“LOST”. Galería MOTO. Santiago, Chile.
2008
“BAZAR BIARRITZ”. Espacio 6.0 Santiago, Chile.
2007
“MY WAY”. Jardín Sta. Ana. Santiago, Chile.
“BOOTLEG”. Kernelhaus. Santiago, Chile.
2005
“Jamás aprenderé a pintar” Centro Mori. Santiago, Chile.
2002
“Pinturas”. Galería Bucci. Santiago, Chile.
“Pinturas”. Sala Amigos del Arte. Santiago, , Chile.
EXPOSICIONES COLECTIVAS (selección).
2010
“Replica”. Espace Azerty. Paris. Francia.
ArteBa 2010. Galería Trafix. Buenos Aires. Argentina.
Existencia NOW! Galería depósito. Santiago, Chile.
2009
Ch.ACO 2009. Santiago, Chile.
FIAC 2009. La Serena, Chile.
Sin Título. Centro Cultural Matucana 100. Santiago, Chile.
2008
“Los Tuertos” (Hernández, Maquieira, Quiroga) Salón Tudor Santiago, Chile.
CCU 15 años. Sala CCU. Santiago, Chile.
2007
SEWN Segment Art Space. Shangai. China.
2006
“Artistas irrumpen en la Ex Cárcel” Valparaíso, Chile.
“Imágenes de la música” Galería Bellas Artes, Santiago.
2005
“Artistas del siglo XXI” Centro de extensión UC. Santiago, Chile.
2001
Kent explora pintura. Edificio Birmann. Santiago, Chile.
“Garage”. Galería Bucci. Santiago, Chile.
1999
Premio Cosapi de pintura. Galería Tomas Andreu. Santiago, Chile.
1997
Quinta bienal premio Ghunter. M.N.B.A. Santiago, Chile.
1996
Pintura joven Galería Artespacio. Santiago, Chile.
Pequeñas obras de grandes artistas. Sala Amigos del Arte. Santiago, Chile.
1995
Jóvenes talentos. Galería Isabel Aninat. Santiago, Chile.
Arte de Hoy. Parque Arauco. Santiago, Chile.
1994
Paisaje Urbano Centro cultural Montecarmelo. Santiago, Chile.
“Pintando con los niños” M.N.B.A. Santiago, Chile.
V Salón sur. Casa del arte. Concepción, Chile.
Salón de Alumnos UC. sala la Capilla Campus Lo Contador. Santiago, Chile.
RECONOCIMENTOS
2004
Finalista. Segundo concurso Artes y Letras, Santiago, Chile.
2001
FONDART, Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Santiago, Chile.
1999
Mención honrosa. Premio Cosapi de pintura, Santiago, Chile.
FONDART, Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Santiago, Chile.
FONDART, Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Santiago, Chile.
Beca Amigos del arte, Santiago, Chile.
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